El hombre que le ganó al Everest.

La entrada de hoy es una historia de altura. Ingredientes como nieve, congelación y escalador le dan forma, así que os invito a seguir leyéndola. Es la anécdota de Lincoln Hall, apodado el muerto viviente del Everest, aunque yo prefiero llamarlo el hombre que le ganó al Everest. Os aseguro que las siguientes líneas no van a dejar indiferente a nadie.


El Monte Everest (8848m.), enclave de la presente entrada.



Esta historia data de 2006, cuando Lincoln Hall, un experimentado alpinista se dispuso a coronar el Everest, a sabiendas de que los más de 8800 metros de dicho pico no se lo iban a poner fácil.
Acompañado por dos sherpas, Hall empezó a ascender. A partir de cierto punto, la falta de oxígeno, las bajas temperaturas y el denominado mal de altura (o mal de montaña) hicieron que perdiera el conocimiento. Sus dos compañeros trataron de bajarlo de allí, pero fueron instados por un superior a bajar rápidamente.

Unas horas más tarde, Lincoln Hall fue dado por muerto, debido a que se encontraba a más de 8000 metros y la noche había caído ya, siendo prácticamente imposible que sobreviviera, pero aquí es donde se da lo interesante de su historia.

"Imagino que no me esperarían por aquí".
Al día siguiente, otra expedición encontró a Hall allí arriba, pero lo impactante es cómo: lo encontraron sin camiseta, sin botella de oxígeno, sin gafas y sin guantes ni zapatos, cambiándose la parte de arriba del abrigo, como si nada. Cuando Hall vio a aquellos hombres, les dijo algo así como: "Imagino que no me esperarían por aquí". 

Manos y pies congelados.


Su mujer y sus hijos no daban crédito cuando recibieron la noticia. Lincoln Hall perdió varios dedos, pero sobrevivió. Todavía no se sabe cómo pudo sobrevivir a aquélla noche, ni cómo consiguió no congelarse mientras se cambiaba de ropa, como si fuese algo rutinario.

Murió en marzo de 2012, a los 56 años, por causas ajenas a esta historia.




¿Qué te parece la historia de Lincoln Hall? ¿Qué habrías hecho tú en su lugar? Deja un comentario con tu opinión.


Pd.: Dedico esta entrada a mi gran amigo y tocallo Edu (@EduVelaro en Twitter), que me inspiró con el Everest hace cerca de un año. Aunque no sé si se acordará ya, se la debo a él. Un abrazo.


Un saludo,


EduPE.